El Punk Not Dead. Desde los 80s con ERREACHE a hoy con FAMA y GUITA. Entrevista a Ricardo Ache

Ricardo Ache hace un recorrido desde sus comienzos con su banda revelación en los 80s ERREACHE, nos cuenta cómo era el circuito en esos años, anécdotas, pasajes de su siguiente banda pop Hiperímpulso, hasta su dúo punk actual FAMA y GUITA.


Entrevista por Nestor Martinez @nestoryoga
Edición: María Paula Ríos @rios_mariapaula
Imagen destacada ERREACHE con Claudio, Ricardo y Kelo, 1984

Contanos de los años ochenta ¿qué te acordás de ERREACHE?

Empezamos con Hernán, como un dúo. El chileno tenía mucha información de afuera, específicamente del punk que se venía: «Hagamos algo con esto», me dijo. Yo era solista, de los que quería protestar contra el gobierno militar. Más allá de que cuidaba las formas, tenía ganas de armar bardo. El chileno era guitarrista y le dije que se compre un bajo, «hacete bajista, buscamos un baterista y formamos un trío». Empezamos a buscar batero, pero la mayoría venían del jazz rock, del rock sinfónico y no tenían ritmo. Entonces, compramos una caja rítmica para ensayar hasta encontrar al baterista. Básicamente yo era el guitarrista rítmico y compositor, y Hernán hacía los solos con un pedal de distorsión, el Big Muff.

ERREACHE con Nano Herman, show en Látex, 1983

ERREACHE con Nano Herman, show en Látex, 1983

¿Qué bandas escuchabas en esa época?

La que más me gustaba era The Clash. Otra que aportó mucho es Devo; una banda alucinante que comenzó a tocar en la época de Hotel California, de los Eagles que tenía esos solos perfectos. Recuerdo que en un show, la gente le tiraba cosas y ellos les contestaban: «los hippies tienen cura, seguir escuchando a Devo». Sus letras son muy sociales e irónicas.

David Bowie en una canción propone Sound and Vision… ¿ERREACHE manejaba imagen y sonido?

Muchísimo. Fue bizarro de entrada. Yo nunca me creí intelectual, me considero músico, no un artista elevado. Cuando pasé de solista al trío, de pronto me encontré con una banda de jazz rock que se llamaba Teléfono, capté a dos, luego entraron tres y aprendieron a tocar punk rock a mi manera. Esto lo tomé de los Clash, que reversionaban cualquier género.

ERREACHE con Nano Herman en el Café Einstein y Omar Chabán detrás, 1983

ERREACHE con Nano Herman en el Café Einstein y Omar Chabán detrás, 1983

¿Qué formación quedó definitivamente en la época de ERREACHE?

En Erreache por suerte siempre hubo roles, no jerarquías de poder. Claudio, que reemplazó a Nano Hernán, era un guitarrista que tocaba en una banda que se llamaba Satán (metalera), le dije: «vení, pero tenés que comprarte un bajo». Segundo bajista que formé. Él le metió onda rockera y hubo la necesidad de un batero. Terminamos llamando al batero y al tecladista de la misma banda. Claudio, Kelo Romero y yo armamos un trío y de entrada no entendíamos el teclado, pero terminó metiendo un sonido más dark. Metió más color entendiendo la fuerza. Y ahí empezamos a armar personajes, llegamos a hacer el New Tango. Fuimos a ferias a comprar unos trajes viejos; Kelo tenía en el teclado la bandera argentina y muñecos. Ya empezaba a surgir esta idea.

Con el dúo tocábamos con cascos y overoles rojos, por ejemplo, pero el New Tango era más espectáculo, hicimos un show en Cemento que lamentablemente fue el último de Erreache. Volanteamos con amigos y vinieron 700 personas, y armamos algo con un grupo de teatro, con actores en escena. Hubo un problema con la recaudación con Kelo (que en paz descanse), él debía un dinero de faso y en la desesperación se llevó la caja, eso desencadenó la separación. Omar Chabán me llamaba todo el tiempo, pero el grupo no pudo seguir.

Para mí fue toda una crisis. Tocaba con amigos, trataba de armar proyectos, no sabía qué hacer y ahí empezó a aparecer el tecno.

Ricardo Ache hoy (está impecable). Foto @avi_road

Ricardo Ache hoy (está impecable). Foto @avi_road

¿Considerás que la fama de las bandas de los 80 no fue equitativa? ¿Hubo bandas que merecían otro reconocimiento?

Creo que eso siempre pasa, en toda época. Por ejemplo, el Indio (Solari), es un fenómeno social, es intocable, no se puede discutir. Una cosa es un grupo de música que en su entorno empieza a llamar la atención, y otra es el que se conoce en todo el país o en todo el mundo. Hay un aparato que hace que crezca hasta que se conozca y que elige, como cualquier industria. Freddie Mercury en un reportaje dijo: «Yo pertenezco a una empresa que se llama Queen. Nosotros cuatro somos los músicos; está el departamento de marketing, y hay otros rubros. Lo único que podemos hacer es relajarnos y transmitir lo que sabemos hacer».

A Pete Townshend, en una recopilación de entrevistas de los Who, un periodista le preguntó cómo se sentía cuando veía a tanta gente escuchando y entendiendo su música. Y él decía: «el 70 por ciento viene a ver cómo rompo guitarras, un 25 viene a ver la ropa elegante del cantante; y un cinco viene a escuchar la música». El tipo era consciente de todo el funcionamiento: el show de él saltando, el baterista loco, el cantante y el bajista quieto que trata de ordenar toda la escena.

Ricardo Ache, década de los 80

Pasada la mitad de los 80, hay una transformación en los géneros musicales. Vos nombraste el tecno, está el punk, el new wave… ERREACHE hace su último show y empieza a surgir un nuevo proyecto, Hiperimpulso ¿Cómo es el origen de Hiperimpulso? ¿Qué hacían?

Después de que pasó el impacto de Erreache y me relajé, me encontré con un fan, Nico Diab. Tenía un grupo psicodélico que se llamaba Las orejas y la lengua. Tocaba el bajo. Y lo llamé para tocar con pistas, pensé que le podía gustar y entender lo que hacía. También sumé a la banda a Rubén Sonoman, un guitarrista de una época de Erreache, y a un sesionista que le decíamos Trabi, medio andrógino, medio marciano, muy interesante. Éramos varios, y hacíamos bardo en el escenario. Nico se disfrazaba, nos peleábamos en escena… En un galpón de artistas, Carolina Antoniadis, una artista plástica, festejó su cumpleaños y se armó un fiestón, y ese fue el primer show. Fue una locura, de entrada la gente se enloqueció ante la sorpresa al punto que nos refugiamos en el estudio de ella. De ahí se disparó esa idea que la llamamos Hiperimpulso. Básicamente fue una banda para tocar en fiestas, pero como nos pasó con Erreache también lo hicimos en bares chetos y se armaba descontrol. Los dueños no nos llamaban más.

Hubo otra formación de Hiperimpulso junto a Javi Viño, Ale Lewin y David Lounger que profundizó la locura reinante.

¿ERREACHE estaba más vinculado con el punk y el new wave, y quizá Hiperimpulso con el pop?

Sí, es una buena definición. Con Hiperimpulso hacíamos «locura pop». En Erreache, en general no hacíamos covers, salvo Heaven de los Talking Heads, en castellano. En Hiperimpulso me animé a más. Empezamos con una versión de Aurora, la canción de la bandera, con una base de twist de los Monkees y tres bandas de sonido: una tipo Martín Karadagian, una banda militar y un grupo de fiesta. Mezclé las tres cosas más los músicos, y terminábamos con un final de Jethro Tull, saltando. Eso es hacer una versión de algo, cuando te podés burlar de un cantante que tiene personalidad. En cambio, hacer un cover es tocar la canción y respetarla.

Ricardo Ache en su casa con Nestor Martinez. Foto @avi_road

Ricardo Ache en su casa con Nestor Martinez. Foto @avi_road

¿Hiperimpulso compartía escenario con alguna otra banda?

Sí, recuerdo que compartíamos con Electrochongo, él también hacía mucho show. Tocamos en el Guebara, un barcito muy chico, pero allí fueron las presentaciones más divertidas. He caminado en la barra, me han robado el micrófono… logramos hacer punk en un espacio pequeño.

FAMA y GUITA

Contanos un poco de Fama y Guita.

Hiperimpulso se fue desarmando. En un momento comencé a tocar solo con las pistas en circuitos donde se mezclaba la música y la poesía, y Diego Arbit, poeta y generador de un montón de espacios, un día me invitó a La casita de los chasquidos, un lugar alucinante, paracultural, under. Antes de cantar pregunté si había un beatboxer en la sala. Vino un tipo con un tecladito y comenzó a percusionar.

Ahí comencé a meterme en el circuito de la poesía y cantaba cosas románticas y patéticas, y después hablaba de esa idealización que es el romanticismo. También usaba el humor, que es más destructivo, se pueden decir cosas terribles que no te las aguantarías en un drama.

Fama y Guita

FAMA y GUITA

Empecé a leer, y en uno de los eventos conocí a Brian Dínamo, un pibe alucinante (portero) con el que hicimos un evento en la embajada de Vietnam. Él me lleva a un lugar, La justa poética, donde dirigía una «torta judía» (ella misma lo decía) que respetaba mucho las reglas. Esa noche gané, y un chico me convoca a otro evento: era Mari Trash (Fama), el trotsko venezolano con idea de hacer algo más que poesía de protesta al sistema.

Participamos en varios concursos y ahí decidimos el nombre: Fama y Guita. Nos agarró la pandemia, Mari se vino a vivir a casa y trabajamos fuerte, siempre haciendo críticas. En un momento dado decidimos hacer temas con la guitarra. Tomamos temas de Hiperimpulso, por ejemplo, la cumbia No tengo celular… cuando nos dimos cuenta la gente estaba bailando; en un momento dado nos convertimos en una banda punk y encontramos un antro en el Abasto que nos permitía hacer de todo. Nos funcionó como espacio y hacíamos una fecha cada quince días.

Mari es una chica trans y no tiene ropa propia, va pidiendo, buscando por la calle y arma una mamarracha; es lo que me divierte de él, nos miramos y nos cagamos de risa. Eso es Fama y Guita, es bardo.

Vale más el show de Mari que un violero perfeccionista. Tal cual The Clash, tocamos diversidad de estilos; por ejemplo, Fama y Guita, que es el tema con el que abrimos los shows, también es una canción furiosa. Ahora agregamos dos performers alucinantes: Belleza Groncha, un chabón del conurbano libre de prejuicios y Dana El Carajo, una poeta devenida a showman, así que somos como las Spice Girls (risas). Bailamos y cantamos, y la gente arma su propia fiesta.

FAMA y GUITA en vivo

FAMA y GUITA en vivo

¿Qué presentaciones van a hacer? ¿Tienen algún proyecto?

Ya hicimos dos clandestinas: en la presentación del libro de un pibe; y una fiesta BDSM, con gente que no nos conocía, que no había ido a escuchar música sino a hacer prácticas, y se alucinó con la propuesta. Tocamos mucho en el Oceanario Club. También hicimos un show en Fiesta Jolie. Nuestra idea es romper esquemas, desestructurar, que la gente se suelte. Somos la piba trotska y el peronista de izquierda en acción musical.

Ricardo Ache en su casa con Nestor Martinez. Foto @avi_road

Ricardo Ache en su casa con Nestor Martiínez. Foto @avi_road

¿Cómo ves la escena pop en Buenos Aires? ¿Cómo va a avanzar esto después de la pandemia?

Es una incógnita. Está de moda despreciar a los centennials, yo sería un baby boomer. En Estados Unidos ocurrió una explosión de nacimientos en la posguerra, acá ocurrió el peronismo, entonces sería un «peronister» enmarcado en un fenómeno social que generó una clase media. Está de moda clasificar. Yo soy un viejo choto, parte de una generación que se hizo cargo de lo que nuestros padres no se daban cuenta y nos cagaron a tiros. La nueva juventud se va a armar de otro lado, en la era de internet hay mucho individualismo y lo que más miedo me da es que son sumisos. No se quejan, no protestan. Pero la verdad no sé en qué va a terminar todo esto.

FAMA y GUITA en vivo

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